La verdad sobre las becas "Erasmus para Jóvenes Emprendedores"

Simplemente apestan.

Esclavos gratis por cortesía del programa “Erasmus para Emprendedores”

Jamás imaginaría que unas becas europeas, que además cogían prestado el nombre de “erasmus”, podrían ser tan cutres y tener vacíos legales tan escandalosos. Aquí os contaré mi historia, la de un diseñador de videojuegos mal asesorado por la Fundación Universidad Empresa de Murcia, engañado por la empresa Lapland Studios de Finlandia, e ignorado por las entidades europeas a las que debidamente informé de la situación. Dicho de manera más simple: me explotaron y no obtuve nada a cambio porque el programa ni garantizaba mi formación ni me protegía lo más mínimo.

Leed cómo es posible, bajo el amparo europeo, esclavizar a alguien durante 3 meses…

(English version here. Como es una historia ya terminada, la escribiré de un tirón. Y como supongo que no pasará nada más, no creo que haya más posts. Es un poco larga. Si queréis la versión resumida, id a la página de facebook.)

Capítulo 0: Sobre las becas “Erasmus para Jóvenes Emprendedores”

Todos sabemos las muchas trabas que tenemos en España para montar una empresa. Así que lo primero que pensé cuando ví la propuesta “Erasmus para Emprendedores” era que la madre Europa nos echaba un cable. Y una iniciativa europea suele tener un prestigio superior a algo que salga en el boletín oficial del estado. Suponía además que algo con la etiqueta “Erasmus” no podía defraudar. Qué equivocado estaba. Jamás imaginaría la chapuza que había detrás. En todos los niveles.

Para empezar, no tienen nada que ver con las becas Erasmus, de las que supongo que habrán cogido el nombre por simples motivos de márketing. Yo mismo disfruté de una beca Erasmus en Noruega para terminar la carrera de Filosofía, una experiencia que recomiendo encarecidamente a todo el mundo. Y no por las fiestas, sino por cómo te puede abrir los horizontes mentales vivir un año en otra cultura. Lamentablemente, estas becas sólo han heredado el nombre.

Llegando a Finlandia

Capítulo 1: Inicio algo renqueante

La estructura de la beca es la siguiente: hay un empresario (Host Entrepreneur, o HE) que acoge a un emprendedor (New Entrepreneur, o NE). Él se responsabiliza de formarle y entrenarle como empresario, a cambio del trabajo del emprendedor en tareas directamente relacionadas con su formación, durante un período acordado por ambos. La gestión se hace a través de dos intermediarios, uno en el país de acogida (HIO) y otro en el emisor (NIO). Este planteamiento sonaría bien de no ser por la asombrosamente alta cantidad de incompetencias que tuve que sufrir, que aquí detallo.

Ví varias organizaciones de mi ciudad que gestionaban la beca, y me puse en contacto con una de ellas por puro azar: La fundación Universidad Empresa de Murcia. La mujer que las llevaba, Maria José Marín (que es responsable de las becas Leonardo), me informó vagamente a través de teléfono y de email de las características. Dedicamos unos meses a buscar una buena empresa candidata. Debería dedicarse al desarrollo de videojuegos (que es el sector en el que tengo experiencia como diseñador, y sobre lo que montaré mi propia empresa) y, por previos contactos de la Fundación, era aconsejable que fuese en Inglaterra o Finlandia. Escogí la última, primero porque mi experiencia en Noruega me dejó con ganas de más Escandinavia, y segundo porque quería pasar el verano en el lugar más frío posible (cuando paséis un agosto en Murcia capital me comprenderéis). Finalmente dimos con Lapland Studios, en Rovaniemi, en el norte de Finlandia. Su presidente era Ilkka Immonen, el HE, quien parecía interesado en el programa y me propuso una estancia de 3 meses allí.

La negociación se retrasó varios meses, en parte por reorganizaciones internas de dicha empresa, y en parte por la pasividad del presidente de la misma. Tuve que cancelar varios proyectos porque él aseguró que la estancia iba a comenzar en primavera. Lo justificó diciendo que la sucursal a donde yo iba a ir pasaba por problemas internos, y me proponía hacer la beca con él, bajo su supervisión y cuidado. Parecía que la propuesta compensaba el retraso, y preferí confiar en él.

Pero el pasotismo de Ilkka empezaba a mostrarse en muchos aspectos: emails que tardaba 40 días en responder, lentitud desesperante incluso en las partes más simples del proceso de validación de la herramienta, o que yo tuviera que redactar todos los documentos burocráticos, incluso los que supuestamente tenía que hacer él. Todo eso me tendría que haber puesto en la pista de que ese pasotismo iba a extenderse a mi estancia allí. Pero preferí pensar bien de él, y dar por buenas sus excusas de que estaba muy ocupado. Al fin y al cabo, era él quien me hacía un favor mostrándome los secretos de su empresa, así que no pasaba nada con que yo hiciera todo el papeleo. Y aunque el intercambio tendría que haber comenzado en marzo del 2010, finalmente el período final fue del 7 de junio al 21 de agosto de ese año.

Capítulo 2: Incompetencias hispanas.

No sólo cuando ya se había aceptado todo, sino a 1 día de coger el avión, me encuentro la primera cagada, con los intermediarios españoles. María José había mencionado en muchas ocasiones lo de hacer el “training”, que era básicamente explicarme por encima de qué iba el asunto, y darme unas fotocopias sobre la EU y Finlandia. Lo que no mencionaron era que tenía que firmar un contrato. Y menos aún que tenía que hacerlo sin leerlo, porque me dieron cita el día anterior a coger el avión, y a última hora. “Es una beca de la Unión Europea”, me dije, “así que no creo que me engañen”. Y luego, ya en el avión, leí en ese documento cláusulas un tanto abusivas que me dejaban (a mí y a cualquier NE), en clara desventaja. Venían a decir que, si yo fallaba mi parte, tendría que pagar todos los gastos. Y que, si el empresario fallaba su parte, la beca se interrumpía y no había mayores consecuencias. Y me enteré de esto cuando ya no podía dar marcha atrás: en el avión que me llevaba a Alemania, en donde pasaría la noche en el aeropuerto, para coger otro avión para el sur de Finlandia, y luego un tren al norte en un viaje total de 28 horas. Como el señorito Ilkka no confirmó el inicio hasta una semana antes, sólo dí con esa combinación para que el viaje no me saliese por un pastón. Y si hubiese dado marcha atrás en ese momento, todos esos gastos los tendría que cubrir yo.

Un lugar que preferirías evitar si decides apuntarte a la beca.

También me enteré de lo que era la beca. Al principio me dijeron que me daban unos mil euros al mes, lo que tampoco es gran cosa en Finlandia. El día del “training” me enteré de que no me daban nada, que sólo cubrían gastos hasta un máximo de unos mil euros al mes. Y, en el avión, me enteré de que sólo cubrian ciertos gastos, y no otros. De modo que, inevitablemente, acabaría perdiendo dinero.

Cubren lo que ellos llaman gastos, pero no inversiones. Os pondré un ejemplo: Finlandia, por muy buena fama que tenga, tiene un transporte público lamentable, al menos en el inhóspito norte del país. Creo que en los casi 3 meses que estuve allí ví dos veces un autobús. Y la población de esa región es una de las más dispersas geográficamente del mundo. La residencia en la que me habían puesto no estaba mal, pero estaba a varios kilómetros de casi todo. Así que, como hacían todos allí, me tenía que comprar una bici. Pero eso se consideraba una inversión, así que no lo cubrían (aunque no sé cómo esperaban que me trajese la bici en mi vuelta en los 3 aviones que tuve que coger). Dicho de una forma más gráfica: a efectos de la beca, me salía más rentable ir a todos lados en taxi que comprarme una maldita bici de segunda mano. Muy bien Europa, incentivando el ahorro (sobre todo para los futuros empresarios).

Cuando me quejé a los intermediarios españoles sobre estos asuntos, simplemente me ignoraron. Es una costumbre que no perdieron a lo largo del período: no contestaban ningún email en donde apareciesen problemas.

Capítulo 3: Entorno de trabajo: Buenos compañeros; Mal jefe.

Desde que llegué, los empleados de la oficina, los que iban a ser mis compañeros, me ayudaron en todo. Me informaron de todo lo importante del pueblo y me llevaban y traían de la oficina, distantes unos 12 kilómetros, todos los días (¡gracias Jouko y Samu!).

La lectura positiva de este hecho tiene también una cara negativa. El empresario, el que me iba a guiar y entrenar, apenas me hizo caso. Me saludó el primer día, y a partir de entonces todas las interacciones que tuvimos tuvieron que salir de mí. Todo lo relativo al proyecto que íbamos a desarrollar en esos 3 meses fue algo que planeamos entre mis compañeros (especialmente Arto y Petri) y yo: conceptos, planes de producción, herramientas y motores a nuestra disposición, etc. Ilkka siguió exhibiendo el pasotismo que ya había mostrado por email.

Lo único bueno de su pasotismo fue que no le importaba que durmiera allí. Sé que no es muy normal lo de dormir en la oficina, pero tampoco es normal para un organismo sureño como el mío un verano en el círculo polar ártico. Los días de 24 horas de luz me crearon tal distorsión en mis patrones de sueño que hacía que no pudiera dormir bien por las noches soleadas. No sólo no le importó que lo hiciera, sino que añadió que habían tenido a un trabajador de Francia y otro de Australia con el mismo problema. También me dejaba ver los partidos del mundial en la tele que tenían para la Wii, así que no me puedo quejar de las condiciones laborales. Esto no se puede usar como excusa de falta de productividad. No me tomaba descansos ni para comer (la distorsión antes mencionada también me quitaba el hambre), y había días que estaba en la oficina 11 horas (porque dependía del transporte de mis compañeros). Sin contar las muchas horas que le eché al proyecto por mi cuenta, en la residencia, porque Ilkka no llegó a comprender que el proceso creativo no se encapsula en un horario de oficina. Y nada de eso me impidió cumplir mi parte del trato.

Foto tomada exactamente a las 12 de la noche.

Capítulo 4: El acuerdo

Hablemos, pues, del trato. Supuestamente tendría que hacer labores directamente relacionadas con mi formación empresarial, pero él comentó que, hasta que no se lance el juego, no habría mucho que hacer a ese respecto, así que me propuso que le ofreciera mis conocimientos como diseñador de juegos, ayudándoles en el diseño y producción de un videojuego. Esto lo acordamos tanto por teléfono como por email. Al final resultó que no tuve que ayudar, sino que tuve que hacer todo el diseño, y hasta el diseño de niveles, porque no tenían allí nadie que pudiese hacerlo. Él, a cambio, se comprometió a formarme como empresario, en la segunda mitad de mi estancia, con el juego ya terminado, indicándome todos los pasos para su comercialización, promoción y demás, ajustándonos al ciclo natural del producción. Tenía sentido, y no había razón, más allá de su pasotismo, por la cual tendría que haber desconfiado de su palabra.

Así que me centré en diseñar una idea innovadora de videojuego, un Arkanoid en 3D dentro de una esfera. Pasaba los días tratando de adaptarme al extraño clima finés, en el pueblo fantasma que era la residencia en la que estaba (porque todos los erasmus se habían ido una semana antes de venir yo, y vendrían los nuevos cuando yo me largara), y tratando de disfutar los triunfos de la roja cuando había bares abiertos o cuando la conexión a internet de la residencia no fallaba.

Una residencia de estudiantes típica: llena de actividad durante el curso, y casi vacía en verano.

Debo mencionar, como curiosidad, que a las pocas semanas de estar yo allí, Ilkka intentó contratarme. Trató de convencerme de que me olvidase de la idea de crear mi empresa, y que trabajase para él. Intenté interpretarlo como que estaba impresionado por mis habilidades como diseñador, y no que se tomaba muy poco en serio mi proyecto empresarial y, con ello, la formación que tenía que darme como empresario. No creo necesario decir que no acepté.

El seguimiento por parte de los intermediarios tampoco fue gran cosa. Un email al inicio del período y ya.

Capítulo 5: La trama del engaño.

Las semanas pasaban, y veía que él empezaba a incumplir algunas de las condiciones que mencionó. En una de las pocas charlas de producción que tuvimos, me aseguró que tendría disponibles a tiempo completo dos programadores y dos grafistas. Falso. El 70% del tiempo sólo estuvimos un programador (un becario en prácticas) y yo. La gente experta o estaba de vacaciones o les ponía en otros proyectos que él consideraba más urgentes. Y no tuvimos grafistas hasta el final de mi estancia. Supuestamente yo también iba a hacer de jefe de proyecto para gestionar los recursos de la producción, tarea que no tiene mucho sentido si sólo hay una persona trabajando aparte de mí. Durante varias semanas no había mucho que hacer: el documento de diseño estaba hecho, tenía que esperar a que el programador lo implementase, y no podía hacer cambios hasta comprobar cómo funcionaba el prototipo. Y como el mundial se había terminado, llenaba ese tiempo con videojuegos y surfeando en internet.

Un fragmento del documento de diseño.

Avisé a Ilkka, a mitad del proyecto, que hacerlo así impediría terminar el juego a tiempo. Como mucho lo podríamos terminar para el final de mi período, pero que no podríamos tocar los temas relativos a su parte del trato, y por los cuales yo estaba allí. Me dijo que no podía hacer nada al respecto, por necesidades de la empresa, pero me ofreció un plan alternativo: me hablaría de los secretos de su empresa, cosas internas de supuesto gran valor.

Estábamos llegando a una situación que seguramente no habría aceptado si me la hubiera ofrecido de antemano. Pero, a esas alturas, poco más se podía hacer. Podría haber usado esa situación como incumplimiento de contrato por su parte, lo que tal vez habría cancelado el proyecto. Pero quedaba sólo un mes y, como creador, quería que ese videojuego saliese a la luz. Y tal y como me presentaba esa información, podría merecer la pena. Sonaba a que podría ahorrarme muchos meses de organización por mi cuenta, e incluso enterarme de cosas que no habría descubierto en el panorama empresarial español. Así que accedí a terminar mi parte del trabajo a la espera de dichos “secretos”.

Localización del estudio, en un complejo de oficinas en medio del bosque.

Las semanas pasaban mientras me daba largas sobre esa supuesta revelación de secretos. Que está de viaje, que tenía que preparar el material que me expondría y cosas así. Lo curioso del asunto es que quedaban menos de dos semanas para terminar mi estancia, y suponía que esos secretos no eran algo que se pudiese explicar sólo en un par de días. Tras más largas, finalmente quedamos. Y esos “secretos” resultaron ser un puto powerpoint de 5 minutos que usaba para describir su empresa ante los posibles inversores. La típica información que se puede encontrar en su web.

No era cachondeo. Simplemente me había engañado. Me había mantenido con falsas promesas hasta el final de mi estancia, asegurándose de que terminaba mi trabajo, sin hacer él su parte del trato.

Capítulo 6: Aislamiento

Las cosas estaban muy mal. Había descubierto que había perdido 3 meses de mi vida por ese imbécil. Me puse inmediatamente en contacto con los intermediarios españoles, para ver qué solución o ayuda me podrían prestar. Y, otra cagada más, ¡estaban todos de vacaciones! Algo de lo que no se me había avisado. La susodicha María José Marín me dijo que se iría de vacaciones, y que la reemplazaría cierta compañera (a la que mandé emails que tampoco contestó), pero nunca me dijo que toda su maldita oficina iba a desaparecer durante varias semanas. Me puse en contacto con la intermediaria finlandesa, que tampoco cogía el teléfono (ni respondía emails). Era tal mi sensación de aislamiento que me animaba con ideas de que todo era un programa de esos de cámara oculta o chorradas así.

La cuestión era que había sido enormemente perjudicado en una beca organizada y respaldada por la Unión Europea, y suponía que ellos me ayudarían ante una injusticia así.

Capítulo 7: Últimas negociaciones.

Como no había ningún intermediario disponible ni nadie que me pudiese ayudar es ese asunto, traté de llegar a un acuerdo con Ilkka. Aún tenía ciertas dudas sobre su buena fé. Si no había tenido intención expresa de aprovecharse de mí, él comprendería la situación y trataría de compensarme, como empresario de acogida, por el trato tan injusto que había recibido. Y si había intentado engañarme, suponía que él lo negaría todo pero que trataría de llegar a un acuerdo para evitar escándalos y demandas judiciales.

Le expuse la situación con claridad:

  • Había ido a Finlandia a ser entrenado como empresario, bajo un acuerdo por ambas partes, a cambio de mi colaboración en un proyecto.
  • Yo había cumplido mi parte del trato: producir un concepto de videojuego innovador. De hecho, había hecho MÁS de lo que indiqué en el trato, como escribir el documento de diseño completo, diseñar todos los niveles del juego y de ayudas en otros proyectos de su empresa.
  • Él no había cumplido ni un 1% de lo prometido. Toda su formación se reducía a 5 o 6 charlas de 10 minutos, con información bastante obvia que podría encontrar fácilmente en internet. Él podría argumentar que siempre se reunía conmigo cada vez que yo se lo solicitaba (aunque tuviese que esperar varios días), pero le aclaré que uno no obtiene una verdadera formación haciendo preguntas puntuales, del mismo modo que alguien no se saca la carrera de Medicina abordando a los profesores en los pasillos.
  • Yo no tenía mi formación, no había aprendido prácticamente nada nuevo, no había ganado nada de dinero (de hecho lo había perdido), y había desperdiciado 3 meses, mas los meses que perdí en la preparación de esa estancia y en los retrasos que su pasotismo nos produjo. Sin contar con el tiempo y dinero que me costará montar una empresa sin la formación que supuestamente este programa iba a darme.

Claramente no era una situación ganar-ganar.

(El juego fue finalmente lanzado para Iphone, con el nombre de “Spherenoid“. Ilkka ni se dignó a mandarme una copia del videojuego que yo había creado. Ni siquiera sé si finalmente me pusieron en los créditos. También me prometió un porcentaje de royalties en una de nuestras charlas, y luego nada de nada.)

El aspecto final del juego.

Al principio le propuse una remuneración de 7500€, que es básicamente lo que cobra alguien de mi posición y de mis conocimientos en Finlandia a cambio de dos meses y medio de trabajo (un diseñador con varios años de experiencia cobra 3000€ al mes). Y podría haber subido mucho más como compensación por haber imcumplido su parte del contrato y haberme hecho perder 3 meses de mi vida. Él comentaba que tal vez se cobraba eso en Helsinki, pero no en el norte. Como no quería alargar eso, y como trataba de cerrar ese asunto de la manera más rápida posible, lo que hice fue hasta bajar mis pretensiones a 4000€, ya que el salario mínimo de un diseñador de videojuegos, aunque no tenga experiencia previa, es de 2000€ al mes. Había trabajado 2 meses y medio, pero le “regalaba” medio mes por las siestas, los partidos de fútbol y para terminar cuanto antes con esa pesadilla. Si me hubieran dicho antes que iba a trabajar 3 meses en algo que no iba a aumentar mis conocimientos ni mi formación por 4000€, seguramente me habría negado, pues no era esa mi prioridad. Pero, a esas alturas, parecía un mal menor tolerable.

Al principio Ilkka me ofrecía sólo unos pocos cientos de euros, lo que consideré prácticamente un insulto. Dijo que, si hubiese querido un diseñador, habría contratado a un finlandés y no a mí. Si eso fuese verdad, ¿por qué había intentado contratarme 2 meses antes? Cuando le expuse cuán ridícula era su postura, se mostró algo más receptivo. Pero no mostró mucho interés en llegar a un acuerdo, y por supuesto se negaba a plasmar por escrito cualquier tipo de propuesta que él hiciera, lo que en sí era bastante sospechoso.

Pero entonces fue cuando me hizo la declaración más increíble de todas: ¡NO SABÍA QUE TENÍA QUE FORMARME! ¡No sabía la puta razón por la que estaba allí esos 3 meses! Además de resultar poco creíble, era una afirmación de enorme gravedad: o bien el HIO no le había informado de algo tan crucial, o bien él trataba de engañarme. O, como lamentablemente descubrí luego, ¡las dos cosas!

En ese momento no podía verificar su versión. Pero, incluso si fuese cierta, eso no le eximía de culpa en absoluto. Yo le informé de su parte del trato numerosas veces en las reuniones que teníamos, y en el acuerdo que ambos acordamos quedaba clara su responsabilidad para formarme como empresario. Es decir, que o bien él se aprovechó de un fallo en un sistema lleno de agujeros legales para explotarme y engañarme, o bien era lo suficientemente estúpido como para no informarse sobre un programa que acepta hacer y lo suficientemente olvidadizo como para no recordar todo lo acordado. Porque él, le recordaba, es el único beneficiado de toda esta historia. Y su empresa, o la comisión europea que organiza el programa, tendría que responder de ello.

Capítulo 8: Nuevas incompetencias hispanas. De mayor calibre.

La situación me parecía tan escandalosa que informé de ello al intermediario español, aunque tuve que esperar a que volviesen de sus vacaciones. Me faltaban algunos días antes de mi avión, y aún se podía arreglar (a todo esto, para intentar arreglar el asunto, me quedé una semana más allí, porque de todas formas tenía pagado hasta fin de mes. Y los gastos de esa semana, como era de esperar, no los cubrían). En esos días no respondieron ni pude contactar con ellos por teléfono. Como vimos antes, era parte de su modus-operandi ante los problemas: ignorarme. Cuando les escribí metiéndoles prisa, su respuesta no podría haber sido más incompetente. Sus dos “soluciones” fueron:

  1. “Tendrías que haber avisado antes.”. Oh, sí, lo hice, pero estaba toda su maldita oficina de vacaciones. Y antes de eso no sabía con seguridad que él iba a engañarme, me fié de su buena fé y de que me respaldarían las instituciones europeas ante cualquier abuso. Y, como supe luego, si hubiera avisado antes lo único que habría pasado es que se hubiera cancelado el acuerdo antes, sin ningún tipo de compensación, y que en vez de explotarme dos meses y medio lo habría hecho menos tiempo.
  2. Y, casi de cachondeo, no os perdáis su segunda solución: “Algo habrás aprendido.” ¿Qué clase de cobertura o protección legal es esa? Es como si alguien te quemara la casa y que la única respuesta del seguro fuese: “Al menos habrás dormido calentito”.

Sí, esa era la cobertura y la protección que me ofrecían, que justificaban diciendo que era un programa piloto y que había cosas que mejorar. De chiste.

Oh, y te podrás quedar con las cenizas.

Exigí hablar con el responsable, con el jefazo de los intermediarios españoles, un tal Rafael Ataz. Sólo habló conmigo una vez, diciendo que trataría de solucionarlo. Me tuvo 2 meses esperando, y tras insistirle para que me diese una respuesta, me dijo básicamente lo mismo que al principio, que ellos no podían hacer nada. Y que darme un par de consejos de vez en cuando podría ser cómo había interpretado él su parte del trato, que a falta de otro documento adquiría valor contractual. Sí, esa parte del trato que tuve que redactar yo porque al señorito no le daba la gana de hacer nada. En esa parte del trato, que hablamos por email, no indiqué muchos detalles sobre mi supuesta formación empresarial porque, como habréis descubierto, era esa la puta razón por la que me metía en ese programa, y es de esperar que no esté tan formado como para dar muchos detalles. En ningún momento se me dijo que ese trato por email tuviese el mínimo valor contractual, sólo se describía como un simple trámite burocrático. Es curioso cómo la pasividad de Ilkka Immonen resultaba finalmente recompensada.

Herramienta del programa, en donde quedaba clara su responsabilidad. Si alguien más interpreta esto como unos cuantos consejos de 5 minutos cada dos semanas, que me lo diga, por si la ira me impide pensar con claridad.

Quedaba claro que esta gente no iba a mover un dedo por mí.

Capítulo 9: Pero en el norte no se quedaban cortos de cagadas.

Pero los otros intermediarios no eran mucho mejores. Después me enteré de que, efectivamente, el HIO no le había informado de sus obligaciones como Empresario de acogida. Me pareció directamente un cachondeo. Al emprendedor le hacen leerse varios documentos y firmar contratos según los cuales puede resultar bastante dañado si no cumple su parte del trato. Al empresario no le hacen firmar NADA, y ni siquiera se aseguran de informarle de lo que tiene que hacer. Y el intermediario era igualmente finlandés, oh, de ese país en donde todo parece que funciona a la perfección. Anitta Sihvonen, para que luego Google sepa localizarla por aquí.

Y no os perdáis la versión de Ilkka: Iba diciendo a los intermediarios que él tampoco estaba satisfecho conmigo, para contrarrestar mis críticas. ¿Tal vez porque mis competencias como diseñador no estaban a la altura de lo que aseguraba en mi currículum? ¿O tal vez porque desarrollé un juego cutre cuya comercialización me importaba un pito porque sólo me interesaba mi formación? Jajaja, no, su crítica se reducía a: ¡que dormía en la oficina y que veía los partidos de fútbol del mundial! Yo cumplí mi parte del trato dándole un juego completo con el que sólo él está ganando pasta, y él se queja de que me echaba siestas allí. Ni siquiera tuvo la decencia de reconocer su culpa. Lo más gracioso del asunto es que su queja tuvo suficiente peso en los intermediarios, hasta el punto de que les valía para calificar el intercambio como poco satisfactorio por ambas partes. ¿Qué parte de que yo cumplí el trato y él no se les olvidó?

Era tal el nivel de incompetencia de los intermediarios que decidí prescindir de ellos. Mandé un detallado informe a la comisión europea que gestiona estas becas. Su respuesta: ninguna en absoluto. Me ignoraron completamente.

Capítulo 10: La vuelta a España

Ilkka mostró un ligero interés para que siguiésemos negociando el asunto a través de internet, seguramente sólo para calmarme. Sólo le pillaba de vez en cuando en el chat del facebook. Respondía una vez de cada 10, y casi siempre decía que tenía que irse a una reunión (no se molestaba ni en introducir variantes a sus excusas). Decía que el email era más fiable. Le escribí bastantes emails a lo largo de meses. No respondió ninguno. La pequeña voz que me decía que no debería actuar con vehemencia y acusarle de engaño sin tener toda la seguridad cada vez era más inaudible. Lo peor de todo es que no se negaba, que decía que lo tenía que pensar. Y se tiraba meses así.

Por si no la habían cagado lo suficiente los intermediarios, atención a esto: ¡trataban de boicotear la negociación entre Ilkka y yo, diciéndole que no tenía necesidad de pagar! Eso ya me pareció realmente increíble. Todo esto había sucedido en gran parte por la incompetencia de unos intermediarios subvencionados que ahogan en cláusulas a un emprendedor que no tiene muchos recursos, y al que no informan debidamente (y eso siendo el objetivo principal de ayuda de estas becas), y dejan con libertad para explotar como quiera a un empresario que sí los tiene. Y ahora vienen con que no tiene la obligación de pagar.

Al principio pensé que el HIO hacía su trabajo: proteger a su “cliente”, algo que no estaban haciendo los españoles. Luego he visto que uno y otro lo único que hacen es proteger sus intereses, para que Europa no les cerrase el grifo de las subvenciones que recibían por gestionar estas becas, o para que este asunto no establezca un precedente y explote un escándalo. Pues confío en que esta página inicie dicho escándalo.

Y en estos dos meses de espera, la empresa había entrado en “reorganización”, es decir, que o la rescataban o se declaraba en bancarrota. Y, claro está, Ilkka comentaba que no podía pagarme. Pero lo decía como si tuviera la intención de hacerlo. Me volví a poner en contacto con él cuando supe por otros medios que habían salido de esa situación y volvían a ser solventes. ¿Y sabéis que me dijo? Que seguían en bancarrota. ¿Otro intento de engaño? Acertásteis.

Capítulo final: La publicación de todo.

Tendría que haber publicado todo esto en ese momento. Pero había algo dentro de mí que quería paz, de modo que, como último gesto de buena voluntad (gesto un tanto ingenuo por mi parte, lo admito), ofrecí a Ilkka un último acuerdo por la mitad, 2000€. Menos de mil euros al mes en uno de los países socialmente más avanzados de Europa por un trabajo que pocos fineses podían hacer (me confesó muchas veces las dificultades por encontrar diseñadores de videojuegos en su país). Menos de mil euros al mes por diseñarle un videojuego innovador y divertido. Era un trato de mierda para mí, pero era un gesto simbólico de que en realidad no había intentado engañarme, que podría servir para sentirme menos explotado. ¿Qué creéis que hizo? Me ignoró. Totalmente. Incluso bajo la posibilidad de que hubiera estado intentado engañarme, el acuerdo al menos serviría para salvar su honor y evitar que todo esto se supiera y empañara su reputación a todo aquel que buscara su nombre en internet. Y me ignoró. Intenté contactar con él de la única forma que hasta ahora he podido: emails y facebook, hasta el punto de darle ultimátums para que viese que todo esto iba en serio. Y seguía ignorándome. Me dí cuenta de que utilizó la misma táctica que durante mi estancia: darme esperanzas a través falsas promesas para dejar pasar el tiempo y maximizar así los beneficios, cuando yo estaba trabajando para él, y minimizar los daños con el tema de la negociación. Como ves, amigo Ilkka, yo no ignoro la vergonzosa actitud que has tenido conmigo. Y te la escribo entera aquí, para que no se te olvide. Oh, y si puede ser, para que la lea alguno de tus futuros clientes o inversores.

Intenté asesorarme en temas legales. ¿Eran, tal vez, los intermediarios los que me ofrecieron cobertura legal a partir de algún abogado especializado en temas europeos? ¿Fue la comisión, como única ayuda ante un problema que le superaba? En absoluto, sólo conté con la ayuda de mi primo Carlos, licenciado tanto en derecho como en económicas (¡gracias una vez más por tu ayuda!). Me recomendaba no llevar ese asunto a juicio. Decía que los vacíos legales sólo les beneficiaban a ellos. Y, aunque podría sacar algo si lo hacía, el proceso duraría años y que seguramente me costaría varios miles de euros. Y esta mierda me ha quitado demasiado tiempo y energía de mi vida como para alargarlo un solo minuto más. Quiero publicar todo esto y olvidarme del asunto. Al menos me aseguró que podía publicarlo todo sin miedo a ser acusado de difamación, porque hay testigos y documentos de todo lo que menciono. Si con esto que publico evito que alguien caiga en la farsa de estas becas, en la incompetencia de los intermediarios o en los engaños de Ilkka, me daré por satisfecho.

La venganza es un plato que se sirve frío.

Epílogo: Consecuencias

¿Quiero, por ello, hundir a Lapland Studios? En absoluto. Si algo bueno he tenido durante mi etapa allí es haber conocido gente tan maja y talentosa como Arto Mikkola o Petri Hannula, a quienes desde luego no deseo ningún mal. Ellos me ayudaron en todo momento a integrarme, y no me olvido de Samu y Jouko, por los viajes diarios entre la oficina y la residencia. Pero, desde aquí les digo: no necesitáis a Ilkka Immonen para nada. Él os está lastrando. Como me ha engañado a mí, probablemente os engañará a vosotros. Tenéis talento y conocimiento de sobra para montar vuestra propia empresa. Y no tengo la menor duda de que trataréis mejor a los empleados y haréis muchos mejores juegos de los que ahora hacéis.

El paradigma de empresario dictador que explota y maneja a la gente es algo del pasado. Enterremos a las viejas reliquias que quedan. Hagámosles ver que esa actitud podría valer en el ultracapitalismo estadounidense o chino, pero que a los europeos nos interesan demasiado los derechos sociales como para permitir que empresarios o bancos nos pisoteen de este modo. Queremos un mundo de empresas tipo Google, no empresas tipo Microsoft o, entrando en el mundo de los videojuegos, Electronic Arts. No todo vale a la hora de hacer beneficios. Así que, inversores finlandeses, no os fiéis de Ilkka Immonen. Confiad todo ese dinero en cualquier cosa que hagan Petri o Arto. Saben lo que hacen y además lo hacen bien.

Y, sobre las becas “Erasmus para jóvenes emprendedores”, el consejo es claro: si eres un empresario que desea tener un esclavo gratis durante varios meses, y si tienes la suerte de que dicho esclavo no haya leído esto ¡ve a por ello! Es incluso más rentable que los becarios a los que malpagas. Lo único que arriesgas es que no puedas usar otro esclavo bajo este programa, pero al menos el trabajo del primero lo tienes garantizado.

Y, si eres emprendedor, no caigas en el error en el que caí yo. Puede que tu experiencia sea buena, puede que el empresario que te acoja sea alguien de buena fé que te dé la formación por la que te embarcas en este proyecto. Pero existe una probabilidad nada despreciable de que se aproveche de tí en una beca que no te protege lo más mínimo, pero en la que él es intocable. Demasiado riesgo. Y ya tienes demasiado con la idea de montar una empresa. A no ser que cambien el programa. Pero, viendo la pasividad que han mostrado no sólo los intermediarios, sino los organizadores europeos del programa cuando les informé de toda la situación, dudo mucho que esto vaya a cambiar.

Como si no tuviésemos ya suficiente los emprendedores que tratamos de montar una empresa en España como para tener que lidiar con supuestas ayudas que en realidad nos perjudican…

En fin, amigos, la moraleja de esta historia es clara: pasad de estas becas, y tratad de evitar negocios con los implicados en esta farsa:

  • La comisión europea de “Erasmus for Young Entrepreneurs”, encargada de un programa con demasiados vacíos legales y cláusulas abusivas precisamente para los emprendedores a los que supuestamente ayuda.
  • Ilkka Immonen, por engañarme.
  • María José Marín y Rafael Ataz, por no informarme debidamente ni tomar ninguna medida ante el abuso del empresario de acogida.
  • Anitta Sihvonen, por no informar a Ilkka de sus obligaciones, y por frenar cualquier tipo de acuerdo posterior entre él y yo.

Y, si queréis ayudarme, difundid esta noticia, para evitar que alguien más sea perjudicado por estas becas o estos implicados, a través de: la web original, la traducción al inglés y la página de facebook. (También puedes seguir mi twitter).

¡Y sobre todo gracias a los que hayáis leído hasta aquí! 🙂

julio 5, 2011 Posted by | Uncategorized | 8 comentarios